Blog oficial del escritor Eziongeber Chino Álvarez
sábado, 28 de agosto de 2021
FRUTA SIN A
Fruta sin A.
Francamente no recuerdo donde lo leí ni hace cuánto, pero a mí me quedó claro el mensaje: A los seres humanos no nos une con el mismo interés una guerra. O un tumultuoso evento de masas. Concurrimos a uno u otro por cumplir. Cumplir con la cita revestida de un propósito muy importante.
No digo que sea cierto pero si es así, la melcocha que nos reúne desde que andamos echando vaina en este mundo, es una buena historia. No tiene que ser una sesuda reflexión pitagórica.
Basta con que sea buena.
Es que tenemos amplia experiencia en hablar zoquetadas y eso arranca justo desde los tiempos en que no sabíamos si éramos homínidos o humanos propiamente tales.Así será de importante.
Inclusive antes de eso, las historias que nos contábamos los unos a los otros quedaron plasmadas en las paredes de una cueva cualquiera, llena de bisontes, mamuts, jirafas y un hombrecito trocado en valiente cazador: Allá va el carajo.
Habrá que imaginarse, por ejemplo, a un grupo de humanos medio vestidos con pieles y reunidos alrededor de una fogata poniéndose al día con los avatares de un acontecimiento en particular. Un tigre merodeando, ponte. Pero además, estos grupos contándose cosas, adquirieron plena conciencia de los tiempos: se contaban historias y chascarrillos o jugaban palito mantequillero porque precisamente había un mañana. Si así no fuese, nada tendría sentido.
No se celebraran nacimientos ni se recordara al viejo piache que murió arrugado como una pasa ni se rezara por el eterno descanso del alma de nadie. Sin contarnos pendejadas, no existirían las ciudades, ni nos hubiésemos organizado en las riberas del río Tigris para subsistir. Y es que yo no entiendo por qué algunas gentes asumen a la historia con cosas que tienen que ver con esas vainas remotas y remontadas en los primeros timotocuicas. Tenemos futuro, esa es la historia.
Chico, la gente en todo tiempo se reúne a contarse pendejeras pero resulta que si lo hacemos nosotros por aquí, no falta el que critique que en vez de eso, deberíamos estar haciendo bailoterapia. O echando fli pues. O abordando las profundas y abismales cosas del intelecto y de la reflexión que te cuento: a mí eso me encanta aunque no lo capte mucho. Con todo, hay quien no acaba de entender que los seres humanos fuimos concebidos para estar juntos, así sea jugando Fruta sin A. O contando cuántos triángulos hay en el triángulo. Dígame el de la letra (defíneme con una letra y yo te asigno otra y así ad infinitum). Todo se vale. La poesía, la filosofía, la historiografía, jugar carga la burra con los panas y decirnos 100 groserías en tres palabras. Es necesario sabernos unidos y mucho más en esta pesadilla tan pesarosa.
Que Alfredo Padrón monte sus fotos del confinamiento. Que Andrés Urzua joda el parque como él solo sabe hacer. Que Paúl nos hable de iconología religiosa o que el señor Eduardo nos hable de como conoció a Betancourt. No olvidar los post de José Pulido y menos, los de Cinzia.Todo eso es importante porque le damos sentido a esa humanidad que nos acompaña desde los pininos de la prehistoria.
¿Tenemos miedo? ¿Quién no? Yo estoy cagao. No sé cómo cubrir un montón de vainas pero si me invitan a buscar un artista por la R, Rubén. Roberto Carlos. Roena, le zampo. Me río. Gozo un bolón aunque me sienta como un músico de planta en el Titanic.
Coño pero cómo hay gente seria. Les molesta la diversidad que tienen que calarse en su página de inicio. Quieren hablar toltaim del coronavirus, como si no supiéramos que en eso o en el grave problemón que tenemos con ese autoritarismo que se cierne, nos va la vida. No sé quién les dijo que lo superficial no importa pero salen con esa de que las "simplezas ramplonas" que nos reúnen en el FB son una ladilla. Esas cosas tan simples o gafas mi pana, son tan necesarias como los documentos que conforman la investigación contra la narcotiranía madurista. Liberar esa presión tan arrecha, es vital en estos tiempos.
Chico, tenemos que asumirnos como en La Leyenda del Horcón:
"Llovía torrencialmente en la estancia del Horcón, como adornando el fogón, estaba toda la gente": toda, todita la gente. ¿Cacháis? Deje vivir mi hermano que la gente somos todos.
Amoróchense, nojuegue y me dejan un laíto.
miércoles, 11 de agosto de 2021
EL CUARTO DE LO IMPOSIBLE
El Cuarto de lo Imposible.
Eziongeber Chino Álvarez
No hago devaneos entre lo bueno y lo malo. Eso es un fastidio. Pero por decirte, mi abuela casi no entraba a la cocina. Mantenía todo limpio y en orden eso sí, pero de cocinar, muy poco.
En nada se parecía a otras abuelas que yo he conocido que se desviven por complacer a sus nietos con ricos manjares y tal.En el caso de mi abuela, ella compraba golosinas y refrescos patoelmundo, y ya. No, no era una abuela millonaria. De hecho, su existencia estuvo marcada por esa vaina rara de saber compartir lo poco entre muchos para que nadie peleara. Tú sabes.
Todo en ella a mi siempre me pareció un poco raro con respecto a los demás y eso me encantaba. ¿Mi abuela sin maquillaje, rímel o perfume? Imposible. Para ir a la iglesia por ejemplo, nada de zapatos bajitos sino tremendos tacones bien puyúos. Es verdad que yo la conocí siendo abuela con todo lo que comporta ser una abuela digamos, convencional: cabellera blanca de abuela, besos y arrumacos de abuela y sus oraciones y pujos celestiales por hijos y nietos que como sabes, también son cosas de las abuelas.Al menos de algunas.
Supongo que la tuya también bailaba Charleston y caminaba como María Félix así, toda faramallera como mi abuela Ignacia. He despertado de pronto pensando en ella, lo cual no es raro. Me ha parecido haberla visto en un sueño hace un momento como un fogonazo, digamos. Haciendo un breve resumen, mi abuela era un poco excéntrica y acaso todo eso se debía a su afición por las letras.Después de todo ser poeta -que era su caso- entrañaba consecuencias. Eso la hacía un poquitín diferente.No perteneció a círculos intelectuales capitalinos ni publicó sus trabajos. Solo que, mientras sus amigas tejían crochet, mi abuela escribía. Todas pasándose recetas, y mi abuela haciendo cuentos. Era su mundo.
En fin, una locura absolutamente compaginada con las obsesiones de mi abuelo por la pintura.Mi abuelo por las tardes, construía hermosos parajes provinciales burbujeantes en verdes y amarillos. Pero mi abuela...ay... allá en su estudio, al que llamaba "El Cuarto de lo Imposible", en el que las letras parecían bajar por las paredes para ir a columpiarse entre sus dedos hasta que al fin se zumbaban en la piscina del papel en blanco en donde la nada se convertía en algo poquito a poco. Era increíble.
Los nietos siempre andan echando broma. Jodiendo pues. Ese ha sido por siempre su sino. Pero en el "Cuarto de lo Imposible" no se permitían echaderas de vaina, qué va. Tampoco en la sala que era la incómoda estancia adonde relegaban al abuelo por las tardes. El pobre. A mí me gustaba mucho mi abuelo.Me veo de niño sentado en un taburetico provisto de lápiz y papel tratando de hacer lo mismo que él...pero al rato me fastidiaba.
Así que arrastrando el taburete me iba con mi abuela a escribir mis cosas orondas. Importantes. Con cuatro años de edad, ir un poco más allá de las casitas de picket fences y vacas con cachos en forma de pájaros, era todo un éxito clamoroso para mí y para mi abuela. Son de esos jolgorios de almas que se parecen tanto que no logran olvidarse. Seguramente por eso, me encanta que venga de vez en cuando. He contado aquí, que de chamitico estuve hospitalizado por siglos según recuerdo (aunque sólo fuera por un mes). Yo no quería ver a nadie más que no fuera mi abuela Ignacia, hasta que al fin llegó con su sobretodo rojo de gamuza, sus tacones, su perfume, su rostro hermoso de lirios y sus ojos muy azules.Que bailara Charleston frente a médicos, enfermeras y pacientes como un regalo para mi, fue más hermoso que una navidad con todos sus perolitos.
Ahora mismo es demasiado temprano para despertar pero demasiado tarde para volver a dormirme. Llego a un claro verdoso y brillante. Desde el follaje lleno de recuerdos, estos me siguen con la mirada.
Y sonrío.
(Mi abuela Ignacia D'aubeterre. Circa 1934)
22 de agosto de 2020
SOBRE EL PAIS DE LOS TURPIALES
Jose Rafael Malpica Materan:
Termine de leer El pais de los turpiales. Si no lo han leido, recomiendo lo hagan. Aguda critica social con humor criollo y salpicado de conocimientos de cultura general y sazonado con lexico de barrio oportuno.