miércoles, 11 de agosto de 2021

EL CUARTO DE LO IMPOSIBLE


 El Cuarto de lo Imposible.

Eziongeber Chino Álvarez


No hago devaneos entre lo bueno y lo malo. Eso es un fastidio. Pero por decirte, mi abuela casi no entraba a la cocina. Mantenía todo limpio y en orden eso sí, pero de cocinar, muy poco.

En nada se parecía a otras abuelas que yo he conocido que se desviven por complacer a sus nietos con ricos manjares y tal.En el caso de mi abuela, ella compraba golosinas y refrescos patoelmundo, y ya. No, no era una abuela millonaria. De hecho, su existencia estuvo marcada por esa vaina rara de saber compartir lo poco entre muchos para que nadie peleara. Tú sabes.

Todo en ella a mi siempre me pareció un poco raro con respecto a los demás y eso me encantaba. ¿Mi abuela sin maquillaje, rímel o perfume? Imposible. Para ir a la iglesia por ejemplo, nada de zapatos bajitos sino tremendos tacones bien puyúos. Es verdad que yo la conocí siendo abuela con todo lo que comporta ser una abuela digamos, convencional: cabellera blanca de abuela, besos y arrumacos de abuela y sus oraciones y pujos celestiales por hijos y nietos que como sabes, también son cosas de las abuelas.Al menos de algunas. 

Supongo que la tuya también bailaba Charleston y caminaba como María Félix así, toda faramallera como mi abuela Ignacia. He despertado de pronto pensando en ella, lo cual no es raro. Me ha parecido haberla visto en un sueño hace un momento como un fogonazo, digamos. Haciendo un breve resumen, mi abuela era un poco excéntrica y acaso todo eso se debía a su afición por las letras.Después de todo ser poeta -que era su caso- entrañaba consecuencias. Eso la hacía un poquitín diferente.No perteneció a círculos intelectuales capitalinos ni publicó sus trabajos. Solo que, mientras sus amigas tejían crochet, mi abuela escribía. Todas pasándose recetas, y mi abuela haciendo cuentos. Era su mundo.

En fin, una locura absolutamente compaginada con las obsesiones de mi abuelo por la pintura.Mi abuelo por las tardes, construía hermosos parajes provinciales burbujeantes en verdes y amarillos. Pero mi abuela...ay... allá en su estudio, al que llamaba "El Cuarto de lo Imposible", en el que las letras parecían bajar por las paredes para ir a columpiarse entre sus dedos hasta que al fin se zumbaban en la piscina del papel en blanco en donde la nada se convertía en algo poquito a poco. Era increíble.

Los nietos siempre andan echando broma. Jodiendo pues. Ese ha sido por siempre su sino. Pero en el "Cuarto de lo Imposible" no se permitían echaderas de vaina, qué va. Tampoco en la sala que era la incómoda estancia adonde relegaban al abuelo por las tardes. El pobre. A mí me gustaba mucho mi abuelo.Me veo de niño sentado en un taburetico provisto de lápiz y papel tratando de hacer lo mismo que él...pero al rato me fastidiaba. 

Así que arrastrando el taburete me iba con mi abuela a escribir mis cosas orondas. Importantes. Con cuatro años de edad, ir un poco más allá de las casitas de picket fences y vacas con cachos en forma de pájaros, era todo un éxito clamoroso para mí y para mi abuela. Son de esos jolgorios de almas que se parecen tanto que no logran olvidarse. Seguramente por eso, me encanta que venga de vez en cuando. He contado aquí, que de chamitico estuve hospitalizado por siglos según recuerdo (aunque sólo fuera por un mes). Yo no quería ver a nadie más que no fuera mi abuela Ignacia, hasta que al fin llegó con su sobretodo rojo de gamuza, sus tacones, su perfume, su rostro hermoso de lirios y sus ojos muy azules.Que bailara Charleston frente a médicos, enfermeras y pacientes como un regalo para mi, fue más hermoso que una navidad con todos sus perolitos.

Ahora mismo es demasiado temprano para despertar pero demasiado tarde para volver a dormirme. Llego a un claro verdoso y brillante. Desde el follaje lleno de recuerdos, estos me siguen con la mirada.

Y sonrío.


(Mi abuela Ignacia D'aubeterre. Circa 1934)

22 de agosto de 2020

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