lunes, 14 de diciembre de 2020

HAKUNA MATATA O DAME DOS PERROS CON TODO



De algún rincón de mi mente, en medio de la noche, surgió de pronto, aquella vez en que llevé a mi hijo a un cumpleaños de parques. Me refiero a esas fiestas al aire libre con perros calientes, cotufas, cornetas estridentes y payasos. Allá, bajo aquel árbol frondoso, estaba un muchacho todo risas, vestido cual saltimbanquis. A su lado, una joven pintaba caritas y otra sentada a su lado, dominaba perfectamente el arte de hacer animales enlazando globos de colores: una fiesta para niños a todo dar.


Día de algarabías floreciendo en todas partes, el saltimbanquis que te nombro, hacía también de cuentacuentos y así, frente al público infantil, se lanzó con su relato: "Caminaba por una vereda completamente verde. Las casas eran también muy verdes. En el cielo danzaban nubes verdes y hasta el sol era verde. La gente, las farolas y los carros, ¿de qué color eran? díganme ustedes, niñitos:

-Eran veeeeerdesssss, responden todos a una, burbujeantes entre risas.

- ¡Muy bien! ¡Muy bien!. De pronto, -prosigue-, me detiene un policía con su uniforme verde y su sombrero verde que me dice entre palabras muy verdes: No puedes entrar a este cuento.

-¿Pero, por qué, si todo es tan hermosamente verde?





-Mírate...


-Y allí estaba yo, niñitos, vestido de azul, con mis zapatos azules, mis manos azules, mi cabellera azul y sonriendo entre azules, le respondo:


-¡Perdón, señor policía, es que me equivoqué de cuento!

Fin de la historia. Qué chévere.


Todo mundo celebró entre aplausos, el bonito relato.Todos, menos Víctor, mi hijo. Como mucho, asomaría una sonrisa de medio ganchete para no desentonar y lo peor, después, a un perro caliente sólo le metió un mordisco. Eso sí estaba muy raro.


Ya de regreso al carro, y a través del denso matorral de risas, Víctor va amasando la que considero que fue la primera angustia de su vida:


- Papi, ese cuento no sirve. No quisiera estar en un pueblo de verdes donde el único azul sea yo.


Escuchar esa declaración de un pichurro de seis años, te digo que desconcierta.


Traté de explicarle en palabras simples, que en determinados momentos de su vida podría suceder que se sintiera igual que el niño de azules. Que entendiera que a veces la gente no logra ver más allá de sus narices y que en resumidas cuentas...


-Papi, tengo hambre. Cómprame un perro con todo, como los tuyos.


Esa interrupción me salvó la vida, o lo salvó a él de una larga perorata. Es que no sabía cómo explicarle toda la vaina metafilosófica que entraña el simple hecho de vivir:


-Okey, es una fiesta y son gratis, voy por uno pa'cada uno y nos sentamos en aquella banca tranquilitos... pero a ti no te gusta la cebolla. Te pica, ¿recuerdas?.


-Ya soy grande, responde concluyente.


A estas alturas, me sentía tan orgulloso como el Rey León parado junto a Simba en cualquier aprisco, así tipo: Hijo, algún día gobernarás estas tierras...


De modo que nos sentamos con dos perros calientes -con todo- y dos kolitas.


Allá el santimbanquis, repartiendo golosinas entre los demás niños, y aquí yo a punto de sostener una de las conversaciones más profundas de mi vida:


Papi: - ¿Cuando eras niño existían los payasos?


Iba entendiendo que acaso mi hijo creía que de muchachito mi casa era alguna cueva rupestre y que para vivir, tenía que alcanzarle a mi padre un tarro lleno de onoto con el que pintaría en las paredes jirafas y cunaguaros:


-Pues sí, se llamaban Gaby, Fofó y Miliki. ¿Qué tal la cebolla?, pregunto intentando deslizar un cambio sinuoso en el discurso:


-Pica un poquito, pero no importa. Papá, ¿tú fuiste un niño verde o un niño azul?


- Muchas veces me tocó ser azul y algunas otras, verde. Pero, siendo verde, nunca le negué a ningún niño azul que jugara con nosotros.


-Sí. El otro día en la escuela, se metían con una niña muy flaquita y yo la defendí. Después fue mi novia.


- Eso está muy bien. No sabía que tuvieses ya una novia...


-Me gustan las Payasitas Ni Fú, Ni Fá.


- A mí también, hijo. A mi también.


- ¿Cuál?


- Poniéndome morisquetero, le canté: ¡Unpocoloco! ¡Unpocoloco!


-Papi, esa nooo...la otra payasa, valeee.


-Ajá. Bueno, está bien.


Luego, en el carro, le di inicio a mi famosa monserga sobre los derechos de las minorías, y poniendo el acento en que tener un punto de vista distinto o ser diferente al resto, era algo muy natural y que el pato y la guacharaca y que Martin Luther King y tal...pero mi hijo hace rato que dormía en el asiento de atrás.


Volviendo a esta madrugada del 5 de diciembre de 2020, lo veo otra vez rendido en el carro después de aquella fiestica. Pienso que mi hijo me enseñó a ser mejor persona a partir de ese día, lo cual es mucho decir si consideras que provengo de un mundo antiguo y campirano en el que clavarle su coñazo al que te tocara el rostro -o por casualidad el culo- formaba parte fundamental del pensum de la vida.


Hoy en día mi hijo es un señor abogado. Decidió seguir mis pasos, que llaman, aunque intenté disuadirlo muchas veces. Cuando conoces las leyes venezolanas y ves que todas se arrodillan graciosamente ante el tirano, ni te cuento la indignación que eso concita.


Ayer pasé a saludarlo por su oficina para invitarle un café. Caminando por la selva de concreto, vemos que por la avenida viene un camión de plataforma pintado de rojo, con sendas cornetas y un carajo encima cual reina de carnaval quien junto a dos ayudantes llamaba a votar por el Psuv para ayudar a Maduro:


- Mira papá: Gaby, Fofó y Miliki...pero qué bolas tienen estos tipos.


- Sí vale, igualito. ¿Cómo está tu mamá? (Otra vez deslizo un cambio, tú sabes).


-Bien, bien. Papá, estas pseudo elecciones son igualitas a aquel cuento verde. Los partidos podrán ser variopintos, pero son la misma vaina. Los azules somos más y sin embargo, todo se reduce a controlarnos por la fuerza.


Y por ahí se espepitó Víctor. Fue como escucharme a mí mismo.


-Vente -le digo-. Vamos por unos perros calientes. Tenemos que comer para vivir.


- Y votar para poder comer, dijo el coñoesumadre aquel, responde el chamo.


Cuando tienes un hijo y resulta que con el tiempo se vuelve más sabio y reflexivo que tú, el mandao está hecho. Así que en plena calle, sin pararle bolas y delante de un perrero extrañado, comienzo con aquello de: Es el ciclooooo, el cicloooo sin finnnnnm:


-Viejo, ya vale, que estamos en la calle.


-No seas tú tan pendejo. A mi no me mandes a callar... Hakuna Matata, es mi forma de ser.


- Tú no cambias padre mío, me dice entre risas. Señor, por favor, dos perros con todo.


martes, 1 de diciembre de 2020

SE CASÓ LA BEMBA E´BURRO CON EL PESCUEZO E´VIOLÍN

 


Se casó la bemba e' burro con el pescuezo e' violín.

(Del Canto del pilón)

Bueno sí, encantadora la lírica de nuestra canciones provinciales. Fundamentos reales de nuestro acervo cultural, los cantos de tierra adentro nos ayudan a darnos forma como nación o al menos, eso creemos. Esta estrofa en particular, pertenece al Canto del pilón. No puedo decirte las veces que lo montaron en los actos culturales de la escuela. No lo pelaban. La puesta en escena la vi los cinco años seguiítos que duró mi instrucción primaria y al igual que tú, me lo sé de memoria. Ahhhh...el canto del pilón...nuestra bella tierra y su gente... Venezuela en la ruta del sol, decían los afiches de Conahotu y, qué bellos los tucusos. Los labriegos, la campiña...

Muy linda tonada. Bien depinga y folklórica la cosa ésta del pilón. Hay otra, de Luis Mariano, que más o menos toca la misma temática costumbrista que quiero destacar acá. En Mi comai Juana María una anciana se desgrana en preocupaciones con su comadre Juana María. Es que su nieta Francisca Antonia para hacer el cuento corto, salió preñá. El asunto va más allá, porque resulta que el novio de la muchacha, el hijo de Bernabé, es más flojo que guate'gallina. ¿Lo del pilón? Bueno. La letra da cuenta de un matrimonio civil que se celebra allá arriba en aquel cerro y chévere. Lo malo es que una de las negras que le da duro al pilón, le dice a la otra esto que te traigo: la Bemba e' burro, esa bichita, cree que todo se lo merece. Su compañera desde el otro pilón le desliza al oído con acritud: ... y vive en un piazo e' rancho que el viento se lo estremece...

Así vamos. Puro chisme. A muchos les parece normal sacarle tiras a la gente. Propalan especies cuyo origen desconocen. Se inventan las vainas más locas hechos los paisas.

...el perro de la casa se levanta y sale pallá, pallá pa' fuera porque no le gusta peliá...

Estas maneras de triangular tipo túmedices-yoledigo-éldice, no las inventó Diosdado Cabello sino que nos acompañan desde el principio de los tiempos. Puedo imaginarme fácilmente a un neandertal confiándole al otro:

-Fulana por fin me paró bolas, mi compa. Me la llevo a la cueva, y ráspalo Chuchú.

-Verifica - ponderaría hondamente su compinche - si pare antes de tiempo, el carajito es de zutano. Es que ella se le metió porlosojo...tú sabes cómo es esa...

Entonces son los cuentos y relatos de honda raigambre latinoamericana como la leyenda del Horcón, los que llenan el imaginario general.

Eso, y los chismes.

Ahora si tú te pones a ver, no todo radiobemba es malo o incierto. De repente y tal, Francisca Antonia aflojó rapidito y... pobre anciana. En relación con el canto del pilón, quizás las muchachas tenían en salsa a Pescuezo e' violín pero el tipo se fijó fue en Bemba e' burro y al verlo casándose con esta última exclamarían amargamente que en adelante buscarían a un tipo solterito que huela a piña madura y no a hombres como Pescuezo. Coños de su madre Pescuezo e' violín, Bemba e' burro y también Francisca Antonia, ¿ah?

Es que tantos años hablando la paja hereje del resto, no nos prepararon para todo lo que venía. Es demasiado. Antes, pontificábamos sobre las cotidianidades del barrio, es decir, chismeábamos localmente. Ahora tenemos a todo el mundo en nuestros dedos pero esos dedos no son nuestros. Permíteme decirte que no me refiero algunos amigos que hacen vida conmigo aquí porque generalmente abordan el tema con seriedad. Sin importar que se esté de acuerdo o no con ellos, hay respeto y consideración de parte y parte. Pero otros... se enfurruñan y dejan hasta el pellejo en un malhadado comentario. Me recuerdan a mi tía Teresa que en paz descanse, porque esa señora vivía todo el tiempo arrecha y chismeando. Probablemente cada chisme la llenaba de rabia. O decantaba su rabia en cada chisme, nunca pude descubrirlo.

Con todo, yo me pregunto si alguno de los protozoarios que a estas alturas insisten en que Tintori le pegó cacho a López y que ese carajito no es de él, si han pagado una semana de cana. Una sola. O si por casualidad saben lo que es orinar en una botella plástica de dos litros por todo el tiempo que dure tu estancia en el peor lugar del mundo.

Qué facilidad para el chisme.

Arriba te digo que aunque pisemos las teclas, los dedos no son nuestros.

Es bueno que te vayas imaginando de una puta buena vez, que el cotilleo al que te dedicas, es parte de un libreto que te imponen y tú riendote como un pendejo. Oye, he sufrido.

Los tipos de Inteligencia que trabajan para la dictadura, SON la dictadura. SON ellos nuestro enemigo. SON a ellos a quienes les conviene que estemos en la eterna vaina de echarnos paja unos a otros. El día que usted vea a Diosdado en tales menesteres contra Maduro o al revés, es que la tiranía se fue al carrizo. Pueda que caigan juntos pero verlos separados será tan lindo como un orgasmo compartido. Mientras tanto, usted a esos zarrapastrosos los ve unidos digan lo que digan, y es aquí donde podrían recriminarme que lo que nos hace grandes es precisamente que no somos iguales…

¿En serio? Usted puede pensar lo que quiera. Dígalo no más. Pero, hágame el favor: ¿A cuenta de qué se ven largos hilos despotricando de Roland Carreño en razón de sus preferencias sexuales? ¿Por qué, vale? Chismes y chistes. Cotorreos de muy baja estofa entre nosotros, sí y sólo sí estamos comprendiendo el valor de llamarnos nosotros. Si somos nosotros, ¿por qué tiene que prevalecer el tú o el yo? El nosotros en definitiva no es nuestro. El nosotros es de ellos y lo imponen ellos. Cuando quieren nos separan echando a andar un bulo y p'al carajo los enfermos. Deben tener miles en el pendrai: -Dáte con la vaina de la invasión de los peñeros ahí y búscame un cafecito para vacilarme los comentarios de este post.

El chisme mexicano: Tengo un primo que vive frente al zócalo en Ciudad de México que me echó el cuento: AMLO fue el que ayudó Leopoldo chamo. Ah, pues.

Yo digo: los chismosos no saben lo que es que venga una gorila a meterle el dedo a tu esposa el día de visita. El dictador, ¿para qué necesitaría un ejército de hackers si nos tiene a nosotros repitiendo ad infinitum que con el oro de Londres fue que se compró Leopoldo López una mansión en el barrio de Salamanca?

No esperan nada estos autómatas y verificar no les es dable. Se lanzan rebosantes en chismes y parece mentira pero los venezolanos hemos llegado a predios inusitados. En estos campos no hay vacas mariposas con su terné, sino una maraña donde importa es precisamente el desafuero y el chisme. Se habla de los chilenos y se despotrica de los bolivianos pero, ¿Y nosotros qué? Bueno, en el eterno ñemeo de intentar dividirnos. Se nos da fácil. No sabemos lo que queremos, y lo que sabemos lo ubicamos en el: -Lo que pasa es que ese tipo me cae mal el coñoemadre. Biden persigue carajitas. Trump es un atorrante. Yo digo que cualquiera de los dos que gane pues que meta mano como es. El mundo libre verá pacá y dirán: pobres pollitos bajo la lluvia. Niños perdidos en algún andén del Metro.

Por cierto, es en el Metro donde escuchas nuestra preciosa música venezolana como para que no te des cuenta de los harapientos viajantes que te acompañan pero resulta que uno de ellos eres ¡Tú! Zapatos esguañingaos, pantalones con las rodillas pelás... Jelouuuu. No mai fren.

Es simple. Pregúntate: ¿A quién estás ayudando?



..que fuiste tú, que si yo, que no, que si tú

te vieron que llevabas cafecito al morichal

y que Pedro, en los maizales,

tus espigas reventabaaa…



Ahí te dejo esa mi compai.